lunes, 13 de noviembre de 2017

¿Funcionan las vacunas?


Nueva edición, en la colección El café Cajal de Next-Door Publishers

Yo no conocí a mis abuelos (a las abuelas sí, las mujeres son más longevas). Mis abuelos murieron con menos de 60 años. Ahora cada vez vivimos más y, aunque te cueste creerlo, vivimos mejor que hace cincuenta o cien años. La esperanza de vida en 1750 era de unos treinta y cinco años y de cuarenta y cinco en 1840. A principios del siglo XX era de unos cincuenta y cinco años y de sesenta y cinco en 1950. Hoy en día, en la mayoría de los países desarrollados, ha superado los ochenta años y no es aventurado pensar que llegaremos a una esperanza de vida de cien años en unas décadas.

Hay tres avances de la ciencia y de la medicina que han mejorado de forma extraordinaria la salud de la humanidad, han reducido la mortalidad infantil y han aumentado nuestra esperanza de vida: las prácticas de higienización y potabilización de las aguas, los antibióticos y las vacunas. Las vacunas han reducido significativamente la incidencia de muchas enfermedades infecciosas, lo que ha contribuido a aumentar nuestras expectativas de vida.

Hoy en día se vacunan más de cien millones de niños cada año contra difteria, tétanos, tosferina, tuberculosis, polio, sarampión y hepatitis B. Se estima que las vacunas previenen unos dos millones y medio de muertes cada año. Cada minuto las vacunas salvan cinco vidas. Y gracias a las vacunas se han erradicado la viruela y la peste bovina del planeta, se está muy cerca de erradicar la polio y se ha reducido casi un 95 % la incidencia de enfermedades como difteria, tétanos, tosferina, sarampión, paperas o rubeola. Los programas de vacunación no solo suponen un beneficio en cuestiones relacionadas con la salud (evitar dolor, sufrimiento y muerte) sino también con la educación y la economía de un país. Una población más sana y saludable gracias a los programas de vacunación redunda en beneficio del grado de formación y en la productividad del país.

A pesar de estos datos, todavía hay zonas en el planeta donde no llegan las vacunas. En África entierran a los niños, en Europa a los viejos. La mortalidad infantil en muchos países sigue siendo vergonzosamente elevada. Al mismo tiempo,  en algunos países desarrollados se han puesto de moda movimientos antivacunas (muy activos en internet) que promulgan el mensaje de que las vacunas no son seguras, contienen aditivos tóxicos peligroso para la salud, causan enfermedades como el autismo infantil, son un negocio y un montaje conspiratorio de las grandes compañías farmacéuticas, las autoridades nos engañan y ocultan datos, la inmunidad natural y la vida sana son mucho mejor que la vacunación artificial, las vacunas son muchas e innecesarias, etc. En España estos movimientos no son muy activos, pero cada vez hay más padres que tienen dudas sobre las vacunas, padres que rechazan alguna de las vacunas, que retrasan la vacunación de su hijo, que dudan del calendario vacunal o que simplemente se sienten inseguros cuando van a vacunar a sus hijos.


¿Funcionan las vacunas? lo puedes comprar en Amazon
en Jot Down o en tu librería

Este libro lo hemos escrito pensado en ellos, en esas madres y padres que en algún momento han dudado si vacunar a su hijo. Y en los pediatras, enfermeras y médicos de atención primaria, que muchas veces han tenido que enfrentarse a este problema, y no saben cómo abordarlo. En este libro encontrarás información reciente, rigurosa pero en un lenguaje fácil, asequible y cómodo de leer sobre qué son las vacunas y por qué sabemos que son seguras, sus efectos secundarios y cuántas vidas han salvado. Encontrarás respuesta a tus preguntas: ¿qué vacunas debo poner a mi hijo?, ¿cuáles son los ingredientes de una vacuna?, ¿cómo funcionan?, ¿son seguras?, ¿tienen efectos secundarios?, ¿qué ocurre si no vacuno a mis hijos?, ¿deberían ser obligatorias las vacunas?, ¿funcionan las vacunas homeopáticas?, ¿qué pasa con la vacuna del papilomavirus o la de la varicela?, ¿causan autismo las vacunas?, ¿funciona la vacuna de la gripe?, ¿cuál es el futuro de las vacunas?, y mucho más. Al final, tú mismo decidirás si las vacunas funcionan o no.

En ¿Funcionan las vacunas?, hemos actualizado los temas y hemos cuidado mucho la edición con Next-Door, una editorial que mima los libros. El prólogo es de Lucia Galán, que quizá la conoces de verla en TV, en redes o por sus libros: Lucia, mi pediatra (@luciapediatra), a la que agradecemos mucho su apoyo: “un imprescindible en la canastilla de nuestro bebé al llegar a casa”.

¿Funcionan las vacunas? se presenta en Madrid el día 21 de noviembre a las 19:00 h en Fundación Telefónica (Fuencarral 3, Madrid)





domingo, 29 de octubre de 2017

Filman en tiempo real cómo las bacterias se transmiten la resistencia a los antibióticos

El vídeo que os voy a enseñar es fascinante. Hay que estar muy atentos porque el fenómeno ocurre muy rápidamente. 

Investigadores del Departamento de Microbiología y Parasitología de la Universidad de Navarra han filmado por primera vez en la historia cómo las bacterias se comunican y transmiten en tiempo real la resistencia a los antibióticos, uno de los grandes problemas sanitarios de este siglo XXI.

En concreto, los investigadores han conseguido filmar mediante sofisticadas técnicas cómo tras la aparición de los dos primeros mutantes resistentes a los antibióticos, esta resistencia se transmite muy rápidamente entre toda la población bacteriana presente en el ensayo. Al final del experimento, la mayoría de las bacterias se han hecho resistentes a los antibióticos y serán capaces de sobrevivir cuando se administre el antimicrobiano.

El experimento permitirá entender mejor cómo ocurre este fenómeno de la resistencia a los antibióticos y desarrollar nuevas técnicas para evitar su extensión. Algunos ya reclaman el premio Nobel para estos investigadores. Sencillamente, ¡im-presionante!




;-)

lunes, 16 de octubre de 2017

E. coli muy “espacial”


Las bacterias en el espacio son más pequeñitas,
pero tienen la pared más gorda


Quizá uno de los primeros experimentos sobre qué les pasa a las bacterias cuando viajan al espacio lo hicieron los rusos. El primer artículo que he podido encontrar sobre el tema es de un tal Zaloguyev y col. de 1984 publicado en Dokl Akad Nauk SSSR (1). El artículo está en ruso, pero el Departamento de Defensa de la EE.UU. es muy majo y te da acceso a una traducción del abstract en inglés (de cuando la carrera espacial y los espías norteamericanos traducían al inglés lo que publicaban los rusos y se lo pasaban a sus científicos de la NASA).

El artículo resume los resultados que realizaron en julio de 1982 en la estación espacial rusa Salyut 7 en la misión Soyuz T6. Compararon el comportamiento en el espacio de varias cepas de bacterias Gram negativas: dos aisladas de uno de los propios cosmonautas (Escherichia coli y Staphylococcus aureus) y otras dos cepas de colección de laboratorio (otro Escherichia coli y Pseudomonas aeruginosa). Comprobaron que las bacterias en el espacio tenían la pared celular más gruesa y, probablemente por ello, eran más resistentes a los antibióticos.
El artículo te lo puedes descargar de la página del


Después de este trabajo se han realizado otros muchos, bien en las estaciones espaciales o en la Tierra en condiciones de microgravedad en otras bacterias como Burkholderia cepacia, Salmonella typhimurium, Vibrio cholerae, o Bacillus subtilis, en levaduras como Candida albicans y Saccharomyces cerevisiae, o en el alga verde unicelular Chlorella pyrenoidosa.

Ahora se acaba de publicar el último trabajo sobre cómo influye a las bacterias el crecer y multiplicarse en un ambiente de microgravedad durante un vuelo espacial (2). Las bacterias son muy pequeñas para que les afecte directamente la microgravedad, pero parece ser que lo que sí les influye son los cambios que ocurren en la capa de líquido que les rodea. Para ello, enviaron unas Escherichia coli (en concreto, la cepa de laboratorio ATCC 4157) a la Estacional Espacial Internacional y las cultivaron a 30ºC durante 49 horas a distintas concentraciones del antibióticos gentamicina. Los mismos experimentos, en las mismas condiciones (excepto la gravedad), se realizaron en la Tierra. Se compararon así diferencias en el crecimiento de las bacterias, tamaño de las células, grosor de la envoltura celular, ultraestructura y morfología del cultivo.



El astronauta de la NASA Rick Mastracchio muestra el incubador donde se han realizado los experimentos con Escherichia coli en la Estación Internacional Espacial (Fuente: referencia2).

Aunque en principio las bacterias parecían crecer a la misma velocidad, el número de células al final del experimento fue 13 veces mayor en el espacio respecto al experimento en la Tierra. Además, el tamaño medio de las células crecidas en el espacio fue un 37% menor del volumen de los controles terrestres. En el espacio las bacterias reducen su tamaño. También comprobaron, como ya vieron los rusos en la Salyut 7, que el grosor de la pared celular en las bacterias del espacio era mayor que en las crecidas en la Tierra, entre un 25 y un 43% más gruesa.  Además, las bacterias espaciales liberaron más vesículas de membrana que las terrícolas. Todo esto puede estar relacionado con la activación de los mecanismos de resistencia a los antibióticos en condiciones de microgravedad, en el espacio.


Imagen de Escherichia coli en el microscopio electrónico de transmisión. Izquierda, las bacterias crecidas en la Tierra. Derecha, las bacterias crecidas en el espacio. Las bacterias en el espacio son más pequeñas, tienen la pared celular más gruesa e irregular y liberan más vesículas de membrana que cuando son crecidas en nuestro planeta. (Fuente: referencia2).

Por último, comprobaron que las bacterias en la Tierra crecían de forma homogéneamente distribuidas, mientras que en el espacio tendían a formar grumos. Esto, que también se había comprobado en otros experimentos anteriores con otros microorganismos, puede estar relacionado con una mayor capacidad de las bacterias para formar biofilms en el espacio.


Arriba, las bacterias crecidas en la Tierra. Abajo, las bacterias crecidas en el espacio. Las bacterias espaciales tienden a formar grumos y a agregarse. (Fuente: referencia2).

Entender cómo afecta el viajar al espacio a las bacterias es muy interesante, al fin y al cabo, nosotros mismos estamos repletos de bacterias. 

Quizá también te puede interesar:



(1) Zaloguyev y col. [Structural and functional changes in bacterial cells during space flight] Dokl Akad Nauk SSSR. 1984;278(5):1236-7.

(2) Zea y col. Phenotypic Changes Exhibited by E. coli Cultured in Space. Front Microbiol. 2017;8:1598. doi: 10.3389/fmicb.2017.01598.


lunes, 2 de octubre de 2017

Comer caca rejuvenece (al menos en algunos pececillos)


El papel de la microbiota intestinal sobre el envejecimiento

Una microbiota saludable se caracteriza por ser muy diversa taxonómicamente, con muchos grupos distintos de microbios. Diversidad es sinónimo de salud. Sabemos que con la edad la microbiota intestinal cambia, se reduce la diversidad microbiana, disminuyen algunos grupos bacterianos, y aumentan los potenciales patógenos. Y eso se suele asociar con una aumento de procesos inflamatorios.

Una pregunta que nos podríamos hacer es si restituir la microbiota de un anciano por una microbiota “joven” puede tener algún efecto beneficioso, o incluso si podría mejorar las expectativas de vida. Dicho de otro modo, ¿la restauración de la microbiota adulta por una “joven” puede hacer que vivamos mejor o incluso más tiempo?, ¿un cambio de microbiota puede alargarnos la vida?

Estudiar esto en humanos puede ser … complicado. Así que un grupo de científicos se han propuesto investigarlo en animales de vida corta, animales que de normal vivan muy poco tiempo. Para ello, han empleado como modelo el pez killi turquesa (Nothobranchius furzeri), un tipo de carpa pequeñita de agua dulce que vive en charcas y estanques y que se puede cultivar en los acuarios. Estos pececillos tiene una vida media muy corta, solo viven unos pocos meses en cautividad, y por eso se han empleado para investigar el envejecimiento.


Figura 1. (A) Dos ejemplares representativos de peces killi de seis y dieciséis semanas de edad, jóvenes y adultos respectivamente. (B) La diversidad de la microbiota intestinal es mayor en los jóvenes que en los adultos. (Fuente: referencia 1)

Lo primero han comprobado que estos peces tienen una microbiota intestinal muy compleja, con los mismos grupos de bacterias que nosotros, aunque en distinta proporción. Además, al igual que nos ocurre a los humanos, la diversidad y complejidad de su microbiota disminuye conforme los pececillos se van haciendo mayores: no cambian la cantidad de bacterias pero si la diversidad o “riqueza” bacteriana. Por ejemplo, mientras que el intestino de los jóvenes es más rico en los grupos Bacteroidetes, Firmicutes y Actinobacteria, en los viejos predominan las Proteobacterias.

La microbiota intestinal regula la esperanza de vida de los peces killi

Lo que los investigadores han hecho es alimentar peces adultos con el contenido intestinal (caca) de peces jóvenes (más o menos un intestino joven daba para alimentar a dos adultos). Previamente habían tratado a los adultos con un cóctel de antibióticos para reducir su microbiota y favorecer la colonización de las bacterias del intestino de los jóvenes. Se trata de recolonizar el intestino de los peces adultos con bacterias de donantes jóvenes.


Figura 2. Esquema del experimento de transferencia de la microbiota intestinal. Los peces tenía nueve semana y media. Ymt: pez que recibe la microbiota de un ejemplar joven (de seis semanas) después de un tratamiento con antibióticos. Omt: pez que recibe la microbiota de un ejemplar de la misma edad (nueve semana y media) después de un tratamiento con antibióticos. Abx: pez que recibe solo tratamiento con antibióticos, sin microbiota adicional. Cóctel de antibióticos: vancomicina, metronidazol, nemocinina y ampicilina. (Fuente: referencia 1).

Los resultados han sido sorprendentes. Este trasplante de microbiota ha aumentado de forma significativa la esperanza de vida de los peces adultos: si un adulto sin tratamiento no suele vivir mucho más de 20 semanas, con la microbiota “joven” podían llegar casi hasta las 30. Además, en los peces trasplantados se retrasaban algunos comportamiento típicos de la edad adulta y seguían siendo más activos. El “trasplante” previno la disminución de la diversidad microbiana propia de la vejez y se mantuvo una comunidad bacteriana “joven” de forma duradera. Esta microbiota “joven” se asoció al mantenimiento de un sistema inmune saludable, con efectos anti inflamatorios sobre el pececillo. En definitiva, el trasplante de microbiota “joven” fue estable y alargó la vida de los peces en condiciones saludable.


Figura 3. Análisis de la supervivencia. Solo los peces que habían recibido la microbiota de un ejemplar joven (Ymt) sobreviven hasta las 30 semanas. El resto no suelen vivir mucho más de 20 semanas. (Fuente: referencia 1).

En humanos el trasplante fecal se ha empleado para tratar infecciones recurrentes por Clostridium difficile, pero de momento es todavía muy pronto para aventurar si este procedimiento puede alargar nuestra esperanza de vida. Confiemos que este artículo no lo lean los fabricante de esas cremas antiedad milagrosas rejuvenecedoras que regeneran las células a base de oro y caviar, ADN de semillas o baba de caracol, no vaya a ser que a partir de ahora les añadan … caca de pez. A partir de ahora, fíjate bien en la etiqueta de tu crema antiarrugas.

viernes, 22 de septiembre de 2017

#Naukas17: Las bacterias también se vacunan

Mi sencillo y humilde homenaje a Francis Mojica:



Si quieres saber más sobre el sistema CRISPR/Cas pincha AQUÍ

Gracias a la eitb.us, si quieres ver todos los videos de #Naukas17 pincha AQUI

También te puede interesar "El sistema de defensa de las bacterias es el mejor editor de genomas que existe" en Cuaderno de Cultura Científica. 

jueves, 14 de septiembre de 2017

“Tunear” la microbiota intestinal


Tus propias bacterias serán las que sinteticen el agente terapéutico desde el interior de tu intestino

Imagínate que un día vas al médico y te receta que te tomes una pastilla repleta de bacterias intestinales y que cada vez que te encuentres mal te bebas un vaso de agua en el que has disuelto un fármaco. Y vas y te curas. Pues eso, que suena un poco homeopático y a ciencia ficción, ocurrirá.

La microbiota es esa comunidad de microorganismos buenos que viven en nuestro cuerpo sano, gracias a los cuales podemos incluso disfrutar de una salud de hierro. Nos influyen mucho más de los que te imaginas. Gracia a ellos se activan nuestras defensas y se mantienen a raya a otros microorganismos patógenos, evitando que nos colonicen y causen enfermedades. Nos ayudan además a hacer la digestión y nos proporcionan vitaminas y otros compuestos que nosotros no podemos sintetizar y que son necesarios para nuestra salud. Una buena microbiota es sinónimo de una buena salud. Vivimos en equilibrio con nuestra microbiota y tenemos que cuidarla porque cuando la maltratamos y ese equilibrio se pierde, nuestra salud se resquebraja. Hay muchos ejemplos que relacionan la microbiota con la enfermedad: desde alergias, diabetes, obesidad y enfermedades autoinmunes, hasta Alzheimer, Parkinson y autismo, incluso el cáncer. Por eso, intentamos manipular la microbiota intestinal con alimentos probióticos, prebióticos o simbióticos, cada vez más sofisticados y mejor diseñados, e incluso reemplazarla por completo mediante un trasplante de microbiota, el llamado trasplante fecal. Sin embargo, manipular la microbiota es mucho más complicado que lo que podíamos imaginar. La razón es que la microbiota es un complejo consorcio con millones de interacciones entre los propios microbios y nuestras células, y todavía no entendemos bien los mecanismos por los que la microbiota mantiene la salud o desencadena la enfermedad.

Una de las bacterias más abundantes en el intestino

Si te digo que menciones una bacteria presente en nuestro intestino seguro que piensas en alguien como Escherichia coli. Y sí, esta bacteria se aísla del intestino (de ahí lo del apellido “coli”, de “colon”), pero a pesar de ser tan famosa, no es la más abundante. Casi el 90% de las bacterias intestinales pertenecen a los grupos Bacteroidetes y Firmicutes, bacterias Gram negativas anaerobios obligados. Y en concreto una de las más numerosas es la bacteria del género Bacteroides.

Bacteroides spp.

Nuevas herramientas genéticas para manipular la microbiota intestinal

Si queremos manipular la microbiota una posibilidad es modificar o manipular esta bacteria tan abundante, pero el problema es que hasta ahora no se han desarrollado herramientas que lo permitan. Sabemos manipular la expresión de los genes en Escherichi coli, quitarle un gen, ponerle otro, modificarlo, … pero en otras bacterias anaerobias como Bacteroides, no es tan fácil (Los promotores que regulan la expresión de los genes de Bacteroides son diferentes a los de otras bacterias, lo que hace que muchos vectores de expresión no funcionen en esta bacteria).

Ahora, se han publicado en la revista Cell un par de artículos que describen nuevas herramientas genéticas para manipular o “tunear” Bacteroides a nuestro antojo, desde hacerle que exprese una nueva proteína, hasta encender o apagar la expresión de un gen in vivo cuando la bacteria está dentro del intestino, simplemente tomando un inductor sintético en el agua de bebida.

Por una parte, los investigadores (1) han desarrollado una construcción genética que integran en el genoma de Bacteroides y que permite a la bacteria sintetizar gran cantidad de una nueva proteína, aumentando en más de 30.000 veces su producción. Además, comprobaron que esta modificación genética no afecta a la estabilidad y viabilidad de la bacteria que sigue siendo capaz de colonizar de forma eficaz el intestino y de producir dicha proteína in vivo dentro del intestino (del ratón). Para comprobarlo, los investigadores introdujeron esa construcción genética en seis especies distintas de Bacteroides. En cada una de ellas la construcción genética producía una proteína fluorescente diferente, de forma que cada especie bacteriana podía diferenciarse una de otra por el color fluorescente. Infectaron ratoncitos de laboratorio con una mezcla de las seis bacterias marcadas y dejaron que éstas colonizaran el intestino. Al cabo de unos días, comprobaron que las seis había colonizado el intestino de forma eficaz y se podían distinguir individualmente según el color fluorescente (Figura 1). Esta nueva construcción genética abre la puerta a investigar la función concreta de Bacteroides en la microbiota in vivo, un paso más para entender la compleja ecología del intestino.


Figura 1. Detección simultánea in vivo de seis especies de Bacteroides. La imagen muestra una sección del colon del ratón colonizado por seis especies de Bacteroides modificadas genéticamente. Cada bacteria expresa una proteína fluorescente diferente: azul, Bacteroides eggerthii; naranja, Bacteroides ovatus; verde, Bacteroides thetaiotaomicron; rojo, Bacteroides fragilis; azul, Bacteroides uniformis; amarillo, Bacteroides vulgatus. (Fuente: referencia 1).

Un interruptor para encender o apagar genes en Bacteroides

En otro trabajo simultáneo (2), los investigadores desarrollaron otra estrategia similar para construir un vector genético que permita controlar la expresión de un gen en Bacteroides mediante un inductor (sustancia química) sintético.  Así, en ausencia de ese inductor la expresión del gen se reprime totalmente, mientras que la adición del inductor rápidamente activa el gen. Es como si fuéramos capaces de encender o apagar un gen de Bacteroides, simplemente añadiendo o quitando una determinada sustancia química.

Para esto, primero han integrado en el genoma de Bacteroides una nueva construcción genética que permite controlar la expresión de una proteína dependiendo de la presencia de un análogo de la tetraciclina, la anhidrotetraciclina, que actúa como inductor. Han empleado esta sustancia como inductor por varias razones: no está presente ni en los medios de cultivo para crecer la bacteria Bacteroides, ni en el intestino u otros tejidos de los mamíferos, ni en las dietas y alimentos que toman; además, la anhidrotetraciclina no es tóxica para la bacteria, ni puede ser degradada o empleada como nutriente. Primero comprobaron que el “interruptor” genético funcionaba perfectamente (Figura 2). Si el gen que lleva la construcción es un gen esencial para la bacteria, ésta solo sobrevive en presencia del inductor que “enciende” el sistema. Mientras que si el gen inserto en la construcción es tóxico para la bacteria, ésta sobrevive en ausencia del inductor, que “apaga” la expresión del gen. 


Figura 2. Vector de expresión para Bacteroides. ON: con inductor (aTC), se expresa el gen y se produce la proteína Nanoluc (fluorescente). OFF: sin inductor, se apaga el gen y no se sintetiza la proteína. (Fuente: referencia 2).

Lo alucinante es que este sistema funciona perfectamente in vivo, dentro del ratón. Para comprobarlo, añadieron Bacteroides modificados genéticamente con el vector que expresa una proteína fluorescente a un grupo de ratones. Comprobaron la presencia de esos Bacteroides en el intestino y en las heces del ratón, y vieron que solo eran fluorescentes cuando se les daba a los ratones el inductor anhidrotetraciclina en el agua de bebida. O sea, que la bacteria había colonizado el intestino y producía la proteína solo si en el agua de bebida estaba el inductor: podemos controlar desde fuera la expresión de una proteína por Bacteriodes que están dentro del intestino. La fluorescencia aumentaba unas 4.800 veces en presencia del inductor, y volvía a valores normales después de tres días de retirar el inductor (Figura 3). Además, comprobaron que esto funcionaba en ratones con una microbiota intestinal normal y completa y que no afectaba a la estructura microbiana de la misma. Han comprobado también que el sistema funciona en varias cepas distintas de cinco especies de Bacteroides diferentes, por lo que puede ser empleado para modificar genéticamente un amplio rango de bacterias del género Bacteroides.


Figura 3. Control de la expresión de un gen en Bacteroides dentro del ratón mediante un inductor. La cantidad de expresión del gen se mide por intensidad de la luminiscencia de las heces del ratón a lo largo de los días que está colonizado por Bacteroides. El inductor aTC (anhidrotetraciclina) se añadía en el agua de bebida durante tres días y luego se retiraba. La línea discontinua corresponde a la fluorescencia en los ratones controles en los que se les añadió la bacteria original sin el vector de expresión. (Fuente: referencia 2).

Esta construcción genética permite controlar de forma precisa la expresión de un gen concreto en la microbiota. Se podría proporcionar un agente terapéutico o una enzima concreta bajo demanda in vivo desde la propia microbiota intestinal, administrando el inductor en el aula de bebida, en la dieta, en una cápsula de liberación retardada o incluso mediante un enema. En el momento en el que te bebas el inductor, el Bacteroides que tienes en tu interior expresará el gen y liberará la proteína o el agente terapéutico, sintetizado por tu propia bacteria. Nunca la medicina ha sido tan personalizada.

(Fuente: referencia 2)

(1). Tunable Expression Tools Enable Single-Cell Strain Distinction in the Gut Microbiome. Whitaker WR y col. Cell. 2017.169(3):538-546.e12.
doi: 10.1016/j.cell.2017.03.041.

doi: 10.1016/j.cell.2017.03.045.